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EL COLLADO DE LAS PUERTAS

Cuando me fui a La Rioja subí pensando a qué sabrían las Sierras Subbéticas si fueran vino. Cuando volvía de vacaciones, bajaba pensando si este paisaje fuera vino, qué podría contar. Aquí nunca hubo una gran tradición vitivinícola: el corazón de esta tierra está hecho de aceite de oliva. Sin embargo, tiene terrenos agrícolas por encima de los 1000 m.s.n.m, orientaciones frías, picos y montañas que sombrean, una pluviometría generosa y unos suelos calizos protegidos por la UNESCO. Toda esta riqueza merecía ser embotellada. Pero estamos en el sur de Europa y el calor y el clima presionan cada vez más. Así que…

Inspeccioné todas las caras norte de los diferentes macizos, hablé con los cabreros, con la gente de los cortijos, intenté comprar terrenos a gente que no quería vender.

Conseguí comprar una pequeña parcela a 1000 m de altitud con una orientación norte pura y una pendiente del 53%. Arranqué el olivar y planté en pequeños bancales un viñedo no mecanizable.

Hice una prospección de material vegetal de todas aquellas personas que me informaron de viñas interesantes por la zona con el fin de recuperar variedades adaptadas al calor y la sequía.

Aunque la parcela está sombreada durante el invierno y, durante el otoño y la primavera los rayos del sol “resbalan” sobre ella, aunque recibe una media de 600 litros de lluvia al año, había que convertir la plantación en un viñedo. Y si todo lo anterior fue complicado, esto es lo más difícil de conseguir…

Así que seguimos cuesta arriba, pero con la cima del Collado de las Puertas a la vista. Por el camino, el Zorro Pantánico nos va contando historias a cuál más tronchante. Una de mis favoritas empieza así…

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-Estaba un día en el hueco un chueco y…

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