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Pisando viña durante días fui ganando elevación hasta la cima de Cuesta Blanca, en la Sierra de Montilla. Allí encontré todo lo que buscaba: suelo, viña vieja, orientación, altitud y, lo más importante, un viticultor que entendiera mi búsqueda.

Esa búsqueda me llevó a un viñedo plantado en 1967 sobre una tosca cerrada de una albariza cretácica. Allí, a 600 metros de altitud y en una ladera expuesta al noroeste, encontré dos familias implicadas en la viña, los García Almansa y los Pedraza Gómez. Los primeros son los propietarios; los segundos, los productores. Yo soy las manos que ahora embotellan las uvas que nacen de esa viña. Y alrededor de esa viña, una casa: la tercera casa del pago de Macores. La Tercera de Marcores.

Me puse mil y una excusas para no acometer este proyecto: por utópico, por difícil, por ser demasiado tarde para empezar. Es cierto que con los años aprendí a dejar atrás algunas cosas.. a renunciar, a resignarme. Con este proyecto lo intenté. Intenté no empezarlo. Y algunas veces, creo que lo conseguí. Pero tras un tiempo esa llamada del paisaje volvía a aparecer. No se dejaba ir. No me dejaba estar.

Ahora, bajo un bosque de quejigos, duerme un animal mitológico: el Zorro Pantánico.

Y sueña.

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